El algoritmo
«The best minds of my generation are thinking about how to make people click ads.»
— Jeff Hammerbacher, de los primeros ingenieros de Facebook
Estamos a merced del algoritmo, y hay que crear espacios para defender nuestro derecho a decidir las ideas que gobiernan nuestros actos.
El smartphone prometía devolvernos ese derecho. En vez de unos pocos magnates de la tele y la prensa marcando la agenda setting —lo que se discute en bares y plazas, lo que nos cabrea, nos entretiene y alimenta nuestros cuchicheos más marujos—, íbamos a ser dueños de nuestro feed. Quien quisiera confirmar sus sesgos con su medio de cabecera, que lo hiciera; quien quisiera investigar y contrastar, también. Cada uno eligiendo en libertad cómo entretenerse y qué información consumir.
¿Qué buscamos cuando gastamos nuestro tiempo en consumir contenido?
El objetivo del algoritmo es engancharte. Sumar horas dentro de su aplicación para servirte más anuncios y ganar más dinero. No informarte, ni emocionarte, ni hacerte más sabio o más justo: hacerte adicto, para su beneficio.
«The smartphone really revolutionized the waiting room. Oh, I get 20 minutes to look at my phone? Don't mind if I do. The only problem is sometimes when I'm looking at my phone at home, my home starts to feel like a waiting room, and I realize it is, and I'm just waiting to die.»
— @octopuscaveman
el índice
Pero todo tiene su reverso, y este no iba a ser menos. Ese enganche que nos aliena es lo mismo que nos da una capacidad inigualable: conectar con personas afines sin importar su edad, su lugar de nacimiento, su idioma (!) ni las barreras culturales que antes reducían el debate a nuestra tribu o nuestra aldea.
Bien usadas, las redes son puertas a un conocimiento infinito. Artistas que nunca habrías visto, blogs que nunca habrías leído, poemas que no te habrían emocionado de no existir estos nodos que conectan a toda la humanidad.
Frente a los reels alienantes que no elegí ver en mi pantalla, hay que rebelarse contra quienes gestionan esta basura que nos roba, ¿cuánto?, dos, tres, cuatro, cinco horas al día. Por eso quiero compartir este listado de obras que moldean mi cabeza y gobiernan mis pensamientos: ideas y conceptos curados, bien planteados, con profundidad y, con suerte, contados de forma magistral. Para hacernos soñar y devolvernos las riendas de lo que entra en nuestro cerebro y, por tanto, de nuestra vida.
«With equal passion I have sought knowledge. I have wished to understand the hearts of men. I have wished to know why the stars shine. And I have tried to apprehend the Pythagorean power by which number holds sway above the flux.»
— Bertrand Russell, Autobiography
Quién soy
Soy Pepe Compagni, andaluz de 30 años. Estudié Periodismo y Relaciones Internacionales. Me gusta leer, la historia, la divulgación científica, los emprendedores, el humor negro, la filosofía, las fiestas de más de un día, el ajedrez, la buena música, la política, el trekking, los free tours, comentar partidos de rugby, cuando el poder se fragmenta y no cabe en pocas manos, las ventas, el CrossFit, el vóley playa, despertarme tarde y comer con dos cucharas.
Trabajo en Docensas, proyecto familiar y empresarial que busca mejorar la formación profesional haciendo un uso inteligente de los avances tecnológicos.